Inmóviles

Por: <br><strong>Guillermo de Haro</strong>

Por:
Guillermo de Haro

En la Unión Europea, de los cerca de 220 millones de empleados, casi un 92% viven y trabajan en la misma región de su lugar de trabajo o lo hacen desde casa.
Por: <br><strong>Guillermo de Haro</strong>

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Guillermo de Haro

Define la RAE algo inmóvil como firme, invariable, inmutable. Así nos encontrábamos todos durante el confinamiento pandémico, confirmado por Google o Apple a través del seguimiento de nuestros inmóviles teléfonos móviles. También el INE y otros indicadores varios de diverso tipo. Esta indeseada e inesperada situación ha dejado clara nuestra relación con la inmovilidad: somos seres sociales, necesitados de acción, de estímulos, de fuerzas de todo tipo que nos impulsen o nos contengan. Y al igual que en la paradójica situación en la que una fuerza imparable es enfrentada a un objeto inamovible, la resultante final es siempre el movimiento.

¿No me creen? Se lo demuestro. Este fenómeno lo conocen en primera persona los desplazados forzados. A pesar del COVID y de los confinamientos, 80 millones de personas que casi seguramente hubieran preferido no moverse, tuvieron que cambiar su ubicación. La cifra confirmada por ACNUR fue ligeramente superior a la del año 2019, y no tiene pinta de bajar. De ellos más de la mitad son desplazados internamente en diversos países, unos 26 millones son refugiados, y más de 4 millones solicitantes de asilo. ¿Qué o quién provoca estas situaciones? ¿Cómo podemos evitarlas o resolverlas? Gonzalo Fanjul investiga y difunde en PorCausa.org las causas de estos movimientos, así como su impacto social, legal y personal. Alguien se mueve metafóricamente al respecto.

En cantidad parecida a la anterior, pero por religión y no por fuerza mayor, peregrinan cuatro veces cada doce años por el Kumbhamela en la India. El 14 de enero de 2021 comenzó el que llevará a millones de personas a Haridwar, COVID mediante, a buscar el océano de leche y las tradicionales inmersiones rituales. Quizá menos este año, quizá el poder de la religión o la vacuna mantenga la cifra. ¿Cómo contener el deseo? ¿Cómo vencer al hábito? No todos ellos lo harían por peregrinaje, seguramente. Cifra la Organización Mundial del Turismo en 1.400 millones los turistas que viajaron por el mundo en 2019, así como en menos de 400 millones los del año pasado, inolvidable 2020. El turismo, motor de economías, síntoma de globalización, confirmación de la pacífica coexistencia y nuestro amor por la cultura, la historia y conocer otros lugares, concretamente los lugares de otros. Algo que Hans Rosling nos mostraba en el proyecto Dollar Street View para que los prejuicios no nos impidan conocer la realidad de las familias del mundo sin movernos de nuestro salón. O con su charla TED sobre la evolución de la población mundial, «Global Population Growth, box by box«, explicando cómo los medios de transporte como el avión, el coche, la bicicleta y las zapatillas pueden representar diferentes grupos sociales y su evolución. Al menos mientras no podamos volver a viajar podemos aprender de ello.

En la Unión Europea, de los cerca de 220 millones de empleados, casi un 92% viven y trabajan en la misma región de su lugar de trabajo o lo hacen desde casa.

Y así entramos en 2021, buscando una solución al problema del movimiento. Como Robert Fludd, quién asombró al mundo en 1618 con su tornillo de agua, primer paso sólido en busca del imposible movimiento perpetuo. O Tesla desde una visión más energética. Pero mucho han cambiado las cosas en el estudio de un imposible. Salvo que nos miremos a nosotros mismos. Cada día 8 millones de personas se desplazan de manera perpetua para trabajar en Tokyo, más de 23 millones en la India. En California o China tenemos casos de 6 horas de “commute” para ir y volver a las oficinas en el mismo día. Todas las mañanas nos levantamos y nos movemos. Quizá el advenimiento del teletrabajo modifique nuestra recurrente tensión vital. En la Unión Europea, de los cerca de 220 millones de empleados, casi un 92% viven y trabajan en la misma región de su lugar de trabajo o lo hacen desde casa. El 7% se desplazan dentro del país y apenas uno de cada cien entre países. Pero si tenemos en cuenta fronteras como Gibraltar o algunas en Bélgica y Holanda, no parece muy traumático. Somos caseros por este continente. Ya lo demostró académicamente Josef H. Reichholf, biólogo muniquense y defensor de que el ser humano abandonó su costumbre nómada y se convirtió en sedentario para poder fabricar cerveza todo el año. La agricultura nació con la cerveza, fuente de vida y supervivencia. Incluso la palabra Whisky viene del gaélico escocés uisge-beatha, aqua vitae en latín, agua de vida para quien lo prueba.

La misma agua de vida que necesita la gente que no se puede mover. El COVID ha dejado en coma a más gente de la que nunca hubiéramos deseado imaginar. La cantidad de gente con ELA en el mundo es preocupante, quizá no por cantidad sino porque antes apenas tenía visibilidad. Gente como Carlos Matallanas, con sus columnas futbolísticas y su ejemplar batalla por seguir adelante. O los promotores del Ice Bucket Challenge, que consiguió recaudar más de 220 millones de dólares únicamente para la ALS Association, y muchos más por todo el mundo. Aún así no conseguimos generar cambios notables y reales en movilizar recursos para gente con dependencia y problemas de movilidad, valiosos para nuestra sociedad, aunque no sean Stephen Hawking.

Vigente sigue Giuseppe Tomasi di Lampedusa con su paradoja del movimiento, recordándonos que «Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie«. Movernos para seguir inmóviles, o quedarnos quietos y no parar. Parar a pensar hacia dónde movernos, o seguir cual pollo sin cabeza para mantener el ritmo actual. Ante la duda, una evidencia. ¿Está usted inmóvil ahora mismo? No lo crea. Se mueve a cerca de 30 kilómetros por segundo, o poco más de 100.000 kilómetros por hora. Es cierto, no le engaño. Es la velocidad a la que viajamos en nuestro planeta por el universo. Que movernos dentro del mismo o desde él a otro lugar, sea sin olvidar hacerlo en el trayecto un hogar mejor al que querer volver.